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La Banda Sinfónica de Hidalgo llena de identidad y emoción el Palacio de Bellas Artes

Con un programa que combinó piezas internacionales y música tradicional, la agrupación celebró más de un siglo de historia ante público capitalino.

Hidalgo sonó en grande en el Palacio de Bellas Artes | Foto: Luis Soriano
22/03/2026 |21:14
Ricardo Calleja
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Afuera del Palacio de Bellas Artes, el color morado se impone y lleva la mirada hacia arriba, a las jacarandas que no pasan desapercibidas. La primavera ya está aquí.

También hay música: un pequeño concierto de música alternativa se cuela entre los pasos de quienes llegan y de los que se van. Pero adentro, en la sala principal, otra historia está por comenzar.

Faltaban 15 minutos para las seis de la tarde y el público ya entraba poco a poco. Algunos revisaban su boleto, otros buscaban su lugar, mientras en el escenario las sillas, dispuestas en semicírculo, y los atriles alineados anticipaban una noche hidalguense.

Bajo la dirección de Héctor Javier Reyes Bonilla, la Banda Sinfónica del Estado de Hidalgo abrió con Armenian Dances I, de Alfred Reed. La música no irrumpió, sino que captó la atención de todos; incluso algunos fotógrafos prefirieron ver y escuchar antes que disparar su cámara.

La Banda Sinfónica de Hidalgo llena de identidad y emoción el Palacio de Bellas Artes | Foto: Luis Soriano

Los clarinetes llevan la melodía con suavidad, mientras los metales entran después, firmes, marcando el ritmo de la pieza, en tanto el director guía con movimientos precisos, apenas inclinando el cuerpo.

Entre el público está Justina García, quien llegó desde Pachuca junto con tres acompañantes. Salieron desde las tres de la tarde, pero el tráfico les impidió entrar a tiempo. “Cuando íbamos subiendo las escaleras, nos cerraron”, cuenta. Aun así, alcanzó a ingresar y, para ella, eso basta.

Dice que lleva años siguiendo a la Banda, desde que cerraba su negocio y se iba al Teatro Bartolomé de Medina a escucharlos. “Se siente bien bonito, una tranquilidad. No pienso nada más que en la música. Ver los instrumentos, los chicos tocando, es muy emocionante”, relató en entrevista con

El programa continuó con Juana de Arco y Obertura Alba, de Ferrer Ferrán. Hay momentos en los que la percusión sostiene todo desde el fondo y, de pronto, una flauta aparece con un sonido claro que parece atravesar la sala y cambiar el ánimo.

En cada pausa, el silencio también formaba parte del concierto: nadie interrumpía, casi no había movimientos; el suspenso había llegado y la mujer del asiento P35 cerraba los ojos por momentos, como si la música le despertara recuerdos.

Ahí, entre el público, Juan José Fuentes López y María de los Ángeles Islas comparten lo que significa estar en ese lugar. “Para nosotros representa un orgullo pisar este recinto, que es todo un ícono”, dice él. Ambos vienen de Hidalgo, donde la banda nació hace 125 años, y la han seguido durante décadas, desde cuando había presentaciones en la Plaza Independencia de Pachuca.

No es una historia reciente. Fue el 20 de enero de 1901 cuando, en la antigua Plaza de las Diligencias —hoy Plaza Independencia—, los acordes de la entonces Banda de Rurales, guiada por Candelario Rivas, se escucharon por primera vez ante el público.

Para Juan y María, el concierto no es solo una experiencia, sino también un espacio de encuentro. “Ahora que estamos en tiempos de violencia, es un buen remedio; nos ayuda a estar juntos en paz un rato”, agrega, mientras alrededor la gente comienza a regresar a sus asientos.

La segunda parte inició con La divina comedia, de Robert W. Smith, y con ella el ambiente cambió. El director marcaba cada entrada y la banda respondía como un solo cuerpo, siguiendo cada gesto.

La Banda Sinfónica de Hidalgo llena de identidad y emoción el Palacio de Bellas Artes | Foto: Luis Soriano

En la recta final, el programa se acercó a casa, a parte de la esencia de los hidalguenses. Vals Arpa de Oro, de Abundio Martínez, suena cercano, reconocible para los asistentes, y Rapsodia Huasteca, de Nicandro Castillo, termina por despertar algo más en el público; cada quien sabía exactamente qué.

Juan José lo había anticipado durante la entrevista: cuando llegara la música hidalguense, el entusiasmo crecería. Y así fue. Algunos sonreían, otros compartían miradas con sus acompañantes o simplemente miraban la reacción de los demás, como si dijeran: “esa música la conocemos”.

El cierre con El Hidalguense, también de Abundio Martínez, termina por darle sentido a la noche. No hizo falta anunciarlo como especial porque la reacción del público lo confirmó. Al terminar, los aplausos no se detienen y la algarabía de los asistentes.

Afuera, la primavera sigue su curso. Unas personas dicen que se dirigen al Zócalo a un baile sonidero; otras se detienen a tomarse una foto con Bellas Artes como marco. La música alternativa aún suena y reúne a casi un centenar de espectadores.

Adentro, la Banda Sinfónica del Estado de Hidalgo no solo deleitó a los asistentes, también reafirmó una historia de más de un siglo.

Y aunque la noche hidalguense en Bellas Artes había terminado, la música se quedó entre quienes vimos al director balancearse durante la Rapsodia Huasteca. Cuando sonaron los fragmentos de El Querreque y se escuchó el “querreque, querreque”.

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