Entre aplausos, anécdotas y notas musicales, Tulancingo abrió espacio para honrar a uno de sus creadores más representativos: el maestro Roberto Oropeza Licona, autor del Himno del Estado de Hidalgo y referente de la vida musical en la entidad.
El reconocimiento se llevó a cabo en distintos puntos del municipio, donde autoridades culturales y familiares recordaron la trayectoria del compositor, marcada por la disciplina y el arraigo a su tierra.
Desde joven, Oropeza Licona encontró en la música un camino que lo llevaría a consolidar un legado que hoy forma parte de la identidad colectiva de Hidalgo.
Su obra más emblemática, el Himno del Estado de Hidalgo, se interpreta actualmente en todas las escuelas de educación básica de la entidad, convirtiéndose en una pieza clave en la formación cívica de miles de estudiantes. Más allá de la solemnidad, su composición ha acompañado generaciones enteras en actos oficiales y ceremonias escolares.
Como parte del homenaje, se develó una placa conmemorativa en la Escuela Lezama y se realizó una presentación musical con parte de su repertorio.
Además, se anunció la producción y digitalización de sus composiciones, con el objetivo de preservar y difundir su trabajo entre nuevas generaciones.
En el Centro Cultural Ricardo Garibay, familiares del maestro compartieron episodios de su vida, recordando los retos que enfrentó y la constancia que definió su carrera. Durante la ceremonia se entregó un busto en su honor, obra del artista Onésimo Ávila Lara.
En Tulancingo, las partituras de Roberto Oropeza Licona no son solo memoria: son parte del presente cultural de Hidalgo.
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