A Daniel Arizmendi López se le bautizó comoporque a las personas que secuestraba les mutilaba esa parte de su cuerpo y la enviaba a familiares para que apresuraran el rescate económico.

En la década de los 90s fue uno de los personajes más buscados no sólo por la policía capitalina, sino la federal y sus delitos contaban con amplia cobertura en los medios de comunicación.

Fueron 200 sus víctimas, entre jóvenes y adultos mayores, pero sólo una mujer a la que le quitó ambas orejas.

Arizmendi López nació en el estado de Morelos en 1958, dentro de una familia que las autoridades calificarían de disfuncional. Su padre era alcohólico y llegó a secuestrar a su propia esposa, madre de Daniel, además de golpearla.

Sus inicios en la delincuencia, de acuerdo con la versión oficial, se dio siendo un adolescente dedicado al robo de autopartes en el Estado de México. Fue detenido por ese delito cuando contaba con 15 años de edad, pero puesto en libertad por ser menor. Siguió delinquiendo ya con una banda más en forma asolando los municipios mexiquenses de Nezahualcóyotl y Chimalhuacán.

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Luego conoció a una persona al que apodaban “La víbora” quien lo invitó a secuestrar a una persona y entendió que era una manera fácil y rápida de obtener dinero.

Entonces comenzó a crear su propio grupo de secuestros que operó no sólo en la capital del país, sino en los estados de Puebla, Morelos, Guerrero y México.

“Cuando no me daban lo que quería, los mutilaba para exigir. El mandar una oreja es una impresión para cualquier gente. (Las mutilaciones) Las hacía yo con tijeras de pollero”, dijo Arizmendi en una entrevista otorgada en su momento a Javier Alatorre, de TV Azteca.

En esa misma charla dijo que si alguien, en señal de venganza, quisiera mutilarle las orejas, lo entendería. Y si le fuera secuestrado un hijo daría todo el dinero que se le pidiese.

“Yo pediría la pena de muerte (para el secuestrador) y si pudiera, matarlo yo, con toda su familia”, declaró en ese momento.

Arizmendi fue calificado por especialistas como alguien sin empatía. En algún momento aseguró que sólo secuestraba y mutilaba para estar seguro si podía o no hacerlo. "Era un reto", llegó a decir.

Fue detenido en agosto de 1998 al salir de su casa. Fue condenado a 400 años de prisión y actualmente purga condena en el Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso), número 1, Altiplano, en el municipio de Almoloya de Juárez, Estado de México.

El juez que le tomó sus primeras declaraciones consideró que en la mirada de Arizmendi se podía ver el mal.

La periodista Olga Wormat tuvo acceso a él y en uno de sus encuentros, éste le dijo que podía preguntarle lo que quisiera pues eran iguales: él era el mejor secuestrador de México y, ella, la mejor periodista.

La investigación de Wormat sirvió de base e inspiración para la serie que hoy estrena en ViX.

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