Detrás de cada máscara hay horas de trabajo, creatividad y un proceso que comienza mucho antes de que la madera tome forma. En la comunidad de Carpinteros, municipio de San Agustín Metzquititlán, Rafael Castillo Chávez y su hermano han dedicado años a transformar troncos en piezas artesanales que destacan por sus diseños, colores y detalles.
A través de su taller, Marte en madera, ambos artesanos han convertido este oficio en una actividad familiar que suma 17 años de participación consecutiva en exposiciones de Huejutla, donde comparten sus creaciones con visitantes y compradores interesados en el trabajo hecho a mano.
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La elaboración de una máscara requiere paciencia y varias etapas. La materia prima se obtiene principalmente de árboles caídos o aprovechados después de temporadas de lluvias y huracanes, a los que los artesanos dan una segunda oportunidad de uso.
Los troncos, de aproximadamente 25 a 30 centímetros, se cortan con hacha y motosierra para después comenzar el tallado, de acuerdo con la figura que se busca crear.
Una vez que la pieza adquiere su forma, pasa por un proceso de secado que puede durar entre una semana y 15 días. Posteriormente se lija, se le incorporan elementos como cuernos u orejas y se prepara para recibir la pintura, elaborada con una combinación de laca industrial, acrílico y óleo.
En el taller participan entre ocho y 10 personas, quienes colaboran en actividades como el lijado, armado, aplicación de pasta y decoración. Rafael supervisa los acabados para garantizar la calidad de cada creación.
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La imaginación es uno de los principales elementos de este oficio. Entre sus diseños destacan rostros de viejos, calacas, payasos y animales, además de piezas que incorporan detalles particulares, como cabelleras de crin de caballo, un elemento característico de las máscaras utilizadas en las festividades de Carnaval y Xantolo.
Cada creación se trabaja de manera individual, por lo que no existen dos piezas exactamente iguales. Sus precios también varían de acuerdo con el tamaño, diseño y nivel de elaboración; cuentan con artículos desde 70 pesos, como llaveros, hasta máscaras de colección que alcanzan los 9 mil 500 pesos.
Para Rafael y su hermano, mantener este oficio representa una forma de preservar los conocimientos artesanales y generar oportunidades de trabajo para las personas que integran su taller.
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