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Dicen que algunos héroes no llevan capa, pero en este caso, un hidalguense la porta con mucho orgullo y gran honor para dar vida a uno de los personajes más singulares de la lucha libre: Fray Tormenta.
Este luchador, que actualmente tiene 81 años de edad y es originario de Cieneguillas, en San Agustín Metzquititlán, Hidalgo, logró alcanzar fama de muchas maneras con sus grandes acciones, ya que detrás de su máscara dorada con vivos en rojo se esconde un héroe más grande: el sacerdote católico Sergio Gutiérrez Benítez.
Este hombre ha dedicado toda su vida a hacer el bien y a ser el protector de niños huérfanos en una casa hogar durante más de 50 años, por lo que se valió de la lucha libre para conseguir dinero para los menores.

Actualmente retirado de la lucha libre, el sacerdote, quien además recientemente perdió la vista a causa del glaucoma, suele hacer giras para convivir con sus fans y recaudar recursos económicos para seguir apoyando a la Casa Hogar de los Cachorros, en Texcoco, donde se alberga a cientos de niños huérfanos y desamparados.
Hace unos días, Fray Tormenta estuvo de visita en Pachuca, donde fue recibido con cariño por sus paisanos y, en entrevista con El Universal Hidalgo, contó algunas de las tantas anécdotas que ha vivido.
Fray Tormenta cuenta que viene de una familia muy sencilla que vivía en una ranchería de Cieneguillas. En sus inicios como sacerdote, Sergio Gutiérrez empezó con labores de ayuda en el puerto de Veracruz, al brindar apoyo a drogadictos, prostitutas y delincuentes; pero, con el paso del tiempo, llegaron algunos niños huérfanos y fue así como comenzó su labor de protección de los menores desamparados.

El padre Sergio recuerda que, al estar a cargo de la casa hogar, buscaba la forma de conseguir recursos económicos para poder alimentar a los huérfanos. Fray Tormenta calcula que, a lo largo de las cinco décadas que lleva la Casa Hogar de los Cachorros, han pasado más de mil 500 niños.
“Pues la verdad yo nunca soñé con esto de ser famoso, ni mucho menos; yo no busqué la fama, yo busqué el dinero que nunca llegó. Porque pensaba que yo, como luchador, iba a ganar igual que un boxeador. Pues yo veía que algunos boxeadores ganaban millones de dólares. Entonces, yo dije: me meto de luchador”, dijo el sacerdote.
“Pienso que una de las cosas fue que la gente supo que yo luchaba por una causa y esa causa era, primeramente, mis chamacos, los niños”.
Fray Tormenta señala que la labor de mantener una casa hogar no es solo conseguir dinero, pues se trata de formar a los niños desamparados para convertirlos en hombres de bien.

“Mira, de la casa hogar salieron tres médicos, 16 maestros, un contador público auditor, un contador privado, 20 técnicos en computación, 14 abogados, un sacerdote”.
Sin embargo, Fray Tormenta señaló que en esa casa hogar también se practicaba la lucha libre, por lo que muchos niños, además del estudio —que era obligatorio—, aprendieron el deporte y algunos llegaron a ser profesionales, entre los que cuenta a Místico, El Sagrado, El Elegido, El Sinfonal, El Chacal y otros 20 luchadores más.
Actualmente, uno de sus “cachorros” se ha puesto la capa y la máscara para continuar con el legado de su mentor y se llama Fray Tormenta Junior.
En su etapa de luchador, el padre Sergio recuerda que tuvo la fortuna de luchar al lado y, a veces, en contra de algunos grandes gladiadores de la época dorada, como su paisano El Santo, Tinieblas, Mil Máscaras, El Matemático, Doctor Wagner, El Enfermero, El Médico Asesino, Copetes Guajardo o El Satánico, a quien muchos calificaban como su némesis por ser Fray Tormenta un sacerdote.

Aunque todos sabían que Fray Tormenta era sacerdote, eso no lo libraba de la furia de sus rivales y muchas veces resultó lesionado; sus manos fueron las más resentidas al sufrir varias fracturas.
“Tuve fracturas en los dedos, la mano que se me rompió en Japón, tres costillas rotas, el tobillo roto. Pero creo que valió la pena. Valió la pena porque no se truncaron los sacrificios que hacía yo para sacar adelante a tantos niños que Dios me confió”, dijo Fray Tormenta.
Desde hace dos años, el padre Sergio perdió la vista a causa del glaucoma, lo que le ha impedido seguir en sus labores de ayuda y lo privó de muchas actividades.

“No es fácil aceptar a un ciego. Porque yo tuve que renunciar a mi parroquia, tuve que renunciar a las rectorías que tenía yo, a las capellanías; tuve que renunciar, pero no a mi sacerdocio. Mi sacerdocio sigue siendo. Y pues mis obispos me han aceptado tal y como soy”, dijo el sacerdote.
Pese a los problemas de salud y de la vista, Fray Tormenta es muy querido entre el gremio de luchadores y con muchos de ellos llegó a entablar una gran amistad e incluso, como sacerdote, le tocó casar a los hijos de Blue Panther o bautizar y confirmar a los hijos de otros.
Ahora, retirado del deporte y de la casa hogar, Fray Tormenta vive con Fray Tormenta Junior y su familia, pero en el corazón lleva a tantos niños que durante décadas protegió y cuidó para hacerlos personas de bien.
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