Enclavada entre cerros donde el bosque se mezcla con zonas semidesérticas, la Peña del Conejo se mantiene como uno de los rincones menos transitados de Hidalgo, pero también de los más llamativos por su peculiar geografía y las historias que lo rodean.
Ubicada en la comunidad de San Jerónimo, en el municipio de El Arenal, esta formación rocosa destaca por su silueta: desde cierto ángulo, el enorme monolito parece un conejo erguido, con las “orejas” apuntando hacia el cielo.
A su alrededor, otras figuras pétreas como Los Frailes y Las Monjas completan un paisaje que parece esculpido con intención, aunque su origen responde a miles de años de erosión.
El sitio no solo impresiona por su aspecto. Quienes han recorrido la zona coinciden en que el ambiente es silencioso y propicio para la contemplación, apenas interrumpido por el viento que atraviesa la sierra.
Desde la cima, a unos 2 mil 900 metros de altitud, se abre un mirador natural que permite observar el valle y las montañas que delimitan esta región.
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Sin embargo, llegar no es sencillo. Los caminos carecen de infraestructura turística y el ascenso exige buena condición física.
No hay comercios en los alrededores, por lo que es indispensable llevar agua, provisiones y, de preferencia, contar con la guía de alguien que conozca la ruta.
El recorrido suele iniciar por el lado de Actopan, desde donde el trayecto en vehículo hacia San Jerónimo toma alrededor de 40 minutos. A partir de ahí, los caminos se vuelven de terracería y senderos, obligando a continuar a pie o en bicicleta de montaña.
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Además de la Peña del Conejo, los visitantes suelen explorar las formaciones conocidas como Los Frailes, enormes columnas de roca que evocan figuras humanas cubiertas con túnicas.
En torno a ellas circulan relatos transmitidos por generaciones: uno de los más conocidos cuenta que religiosos que rompieron sus votos fueron castigados y convertidos en piedra. Otra versión apunta a monjas que habrían corrido la misma suerte.
Más allá de las leyendas, la zona se ha convertido en un destino atractivo para quienes buscan actividades al aire libre como senderismo, excursionismo, ciclismo o campismo, lejos de las rutas turísticas convencionales.
A corta distancia también se encuentra la presa San Jerónimo, donde es posible realizar paseos en lancha o hacer una pausa antes o después de la travesía por la sierra.
La Peña del Conejo no es un destino para cualquiera, pero quienes se animan a recorrer sus senderos encuentran algo más que un paisaje: un espacio donde la naturaleza, el esfuerzo físico y la tradición oral se entrelazan en silencio.
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