Cuando octubre comienza a cambiar el paisaje de Hidalgo, el amarillo y el naranja aparecen entre los campos, mercados y caminos. El cempasúchil se convierte entonces en una de las señales más visibles de la llegada del Día de Muertos, pero detrás de la flor de grandes cabezuelas que suele colocarse en los altares existe una familia mucho más amplia.
En el estado pueden encontrarse distintas especies del género Tagetes, algunas cultivadas y otras que crecen de manera silvestre en ambientes tan distintos como bosques, laderas, matorrales y zonas semiáridas.
La más conocida es Tagetes erecta, el cempasúchil tradicional, una planta nativa de México que ha sido cultivada desde tiempos prehispánicos y que mantiene un fuerte vínculo con las celebraciones dedicadas a los muertos.
Pero no todo lo que parece cempasúchil es la misma flor.
Dentro del registro nacional de variedades de Tagetes erecta aparece Huejutla, además de una variedad denominada Hidalgo. Ambas forman parte de las 35 variedades de esta especie registradas en México por el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS). La lista también incluye nombres vinculados con distintas regiones del país, como Toluca, Teotihuacan, Tepoztlán, Tepeaca y Atlautla.
Estas variedades no deben confundirse con especies silvestres. El catálogo del SNICS registra variedades con características que permiten distinguirlas, principalmente para efectos de identificación y manejo de semillas.
La diversidad es considerable, en México se han registrado 35 variedades de Tagetes erecta, de un total de 58 reportadas a nivel mundial. Sus flores pueden presentar diferentes tonalidades, desde amarillos intensos hasta naranjas, rojos y combinaciones entre estos colores.
Así, el cempasúchil que llega a los altares no tiene necesariamente la misma apariencia en todas las regiones. Su forma, tamaño y color pueden cambiar de acuerdo con la variedad y las condiciones en las que se cultiva.
La diversidad de Tagetes en Hidalgo va más allá de la flor cultivada para las festividades.
Uno de los ejemplos más claros es Tagetes lunulata, conocida como cinco llagas o flor de muerto. Registros del Herbario Nacional de México documentan su presencia en distintos puntos del estado. En Ajacuba, por ejemplo, se tiene registrado un ejemplar localizado en la sierra de Chicavasco, a unos 2 mil 300 metros de altitud; también existen registros en la zona de Huichapan.
Esta especie tiene una apariencia diferente a la del cempasúchil de jardín. Sus flores son más pequeñas y combinan tonos amarillos y anaranjados, mientras que la planta puede encontrarse en ambientes de vegetación natural.
Otra especie presente en territorio hidalguense es Tagetes tenuifolia, conocida como cempasúchil de campo. Hay registros botánicos de esta planta en municipios como Zempoala, Cardonal y Metztitlán, en sitios que van desde matorrales hasta zonas de vegetación semiárida.
En Zempoala, por ejemplo, el Herbario Nacional documentó ejemplares en Tepan Grande, mientras que en Metztitlán se registró en las cercanías del río Venados. Sus flores son pequeñas y amarillas, muy distintas de las grandes cabezuelas del cempasúchil cultivado para flor de corte.
Entre las especies del género que pueden encontrarse en Hidalgo está también Tagetes lucida, conocida popularmente como pericón.
Su presencia ha sido documentada en diferentes puntos del estado. Existen registros en Tula de Allende, Jacala de Ledezma y otras zonas de Hidalgo, mientras que investigaciones realizadas en Atotonilco el Grande han estudiado poblaciones locales de esta especie por las características de su aceite esencial.
El pericón es una planta aromática de flores amarillas que tradicionalmente se ha utilizado con fines medicinales y por su característico olor. Su aspecto es mucho más discreto que el del cempasúchil ornamental, pero pertenece al mismo género y forma parte de la diversidad vegetal que puede encontrarse en el territorio hidalguense.
También existe Tagetes micrantha, conocida en distintas regiones como anisillo, anís del campo o sabino, cuya distribución natural incluye Hidalgo.
De esta manera, en el estado conviven distintas especies que, aunque comparten género, no son exactamente la misma planta.
La imagen del cempasúchil suele reducirse a una sola flor, aquella de color naranja intenso que forma caminos hacia los altares durante los primeros días de noviembre. Sin embargo, Hidalgo ofrece una mirada distinta.
En sus campos y zonas naturales existen especies silvestres de Tagetes que pueden ser mucho más pequeñas y discretas, mientras que en la agricultura se conservan variedades regionales de Tagetes erecta que forman parte de una tradición de cultivo desarrollada durante generaciones.
Por eso, cuando los primeros manojos de cempasúchil llegan a los mercados hidalguenses, no solamente anuncian la temporada de Día de Muertos. También recuerdan que detrás de esa flor existe una diversidad botánica que se extiende desde los cultivos hasta los cerros y matorrales del estado.
El naranja que domina los altares es apenas una de las muchas formas que puede tomar una flor profundamente ligada al territorio mexicano. Y en Hidalgo, algunas de sus parientes todavía aparecen de manera natural entre la vegetación, lejos de los campos de cultivo y de las macetas que cada año terminan frente a las fotografías de quienes ya no están.
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