En la colonia Constitución de Pachuca, entre calles cotidianas y el ritmo urbano hay un aroma que remite a la memoria, el de una receta antigua que estuvo a punto de desaparecer. Ahí, Evelyn Cerón y su pareja, Ángel, han comenzado a escribir una nueva historia gastronómica con Gorditas estilo Tepa Don Porfirio, un proyecto que nace del arraigo familiar y la resistencia de las tradiciones.
Lo que hoy se sirve en cada plato tiene su origen en 1950, en Tepatepec, municipio de Francisco I. Madero. Durante décadas, la receta se transmitió de generación en generación, pero con el paso del tiempo dejó de prepararse con frecuencia.
Fue Evelyn quien decidió devolverle vida: “quise rescatar la tradición de mis abuelos, que no se perdiera”, compartió al recordar el momento en que tomó la decisión de emprender.
El nombre del negocio también guarda esa memoria, el proyecto comenzó en Actopan sobre la calle Porfirio Díaz, lo que dio pie a bautizar el lugar como Don Porfirio, en honor a ese primer impulso que más tarde los llevaría a Pachuca.
El truco del negocio es una preparación poco común incluso en Hidalgo, la barbacoa de res en panza. No se trata de un antojito cualquiera, sino de un proceso complejo que requiere conocimiento, paciencia y precisión.
“Es muy artesanal”, explicó Ángel. La elaboración comienza con la limpieza y preparación de una panza grande de res, que se rellena con menudencias, además de cabeza y patas. Todo se cocina lentamente en un gran horno de tierra durante cerca de 12 horas.
A diferencia de la tradicional barbacoa de borrego, este método exige más tiempo y una infraestructura distinta. El resultado es un sabor profundo, intenso y difícil de replicar.
Esa autenticidad comenzó a rendir frutos ya que personas originarias de Tepatepec han encontrado en este espacio un vínculo con su lugar de origen. “Nos dicen que aquí encuentran el sabor de antes”, comentó Ángel.
Uno de los pilares del proyecto es la fidelidad a las recetas familiares. Evelyn conserva un recetario heredado de su abuela, donde se detalla, entre otras cosas, la preparación de la salsa.
Se trata de una mezcla intensa, elaborada con cinco tipos de chiles, entre ellos de árbol y habanero seco. “Es picosa, pero es parte de la esencia”, explicó.
El menú no se limita a este platillo; también incluye gorditas rellenas de distintas partes de la res, como lengua, además de consomé y, en temporada, ingredientes tradicionales como escamoles, chinicuiles o quelites, lo que refuerza el vínculo con la cocina regional.
Para Evelyn la cocina no fue una elección reciente, sino una herencia. Creció viendo y apoyando en la preparación de estos alimentos, aunque reconoce que el valor de ese conocimiento se entiende con el tiempo.
“De niña no te llama tanto la atención, pero después entiendes lo que significa”, reflexionó.
Hoy, ese conocimiento se traduce en liderazgo dentro del negocio, aunque no sin enfrentar prejuicios. “Muchos clientes buscan que quien sirva sea un hombre”, comentó Ángel, evidenciando una percepción que aún persiste.
Pese a ello, la dinámica es clara: Evelyn dirige el proceso, “ella es la que sabe”, reconoció su pareja.
Desde su llegada a Pachuca en septiembre de 2025, el proyecto ha tenido buena recepción. Entre comentarios y recomendaciones, el lugar comenzó a posicionarse como un punto de referencia para quienes buscan sabores auténticos.
Sin embargo, más allá de lo comercial, la motivación de los hidalguenses apunta a algo más profundo, conservar una tradición que forma parte de su identidad.
“Nosotros mismos consumimos lo que vendemos”, aseguraron como una forma de garantizar calidad y coherencia.
En cada gordita, en cada porción de barbacoa, hay algo más que alimento, hay historia, memoria y un esfuerzo por demostrar las raíces.
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