Detrás del brillo de una pieza de plata existe una historia que comienza varios metros bajo tierra.
En las minas de Real del Monte, el trabajo inicia con la búsqueda de una veta, una delgada franja incrustada entre toneladas de roca que contiene el mineral. Encontrarla no significa riqueza inmediata, implica extraer grandes cantidades de piedra para obtener apenas una pequeña porción de plata.
"Se puede tumbar una tonelada de piedra y sacar muy poca plata, no toda la roca sirve; solamente una hebra, la veta, es la que realmente paga", explicó Margarito Moedano Gómez, quien ingresó a la mina a los 16 años.
Durante décadas trabajó como perforista, uno de los oficios más especializados dentro de la minería. Su labor consistía en barrenar la roca, preparar los explosivos y provocar el desprendimiento del mineral. Después, el material era transportado hasta la planta Hacienda de Beneficio de Loreto, en Pachuca, donde comenzaba el proceso para obtener la plata.
El metal, sin embargo, todavía estaba lejos de convertirse en una joya.
Los lingotes que salen de la fundición llegan a los talleres de los plateros, donde atraviesan una nueva transformación. Samir Edwin Monroy Viveros, maestro joyero de Real del Monte, explica que primero pasan por un proceso conocido como granallado o "palomeo", mediante el cual la plata se convierte en pequeñas esferas que facilitan el trabajo artesanal. ¡A partir de ahí comienza el oficio!
La plata vuelve al fuego para fundirse nuevamente, transformarse en alambres o láminas y dar forma a cada diseño. Dependiendo de la pieza, el proceso puede realizarse completamente a mano o mediante técnicas como la cera perdida, que permite obtener moldes a partir de figuras elaboradas en cera.
Después llegan el lijado, la soldadura, el pulido, el montaje de piedras y los acabados finales. Cada etapa requiere precisión, aunque el tiempo varía según la complejidad del diseño. "Hay piezas sencillas que pueden hacerse en media hora, pero otras requieren semanas", señaló Monroy.
Una de las más complejas que ha elaborado fue un collar de filigrana con dos colibríes, un quetzal y ópalos naturales, creado para el Gran Concurso de Arte Popular Mexicano de 2022. La pieza fue realizada completamente a mano y tomó cerca de un mes de trabajo.
Aunque hoy es maestro platero, Samir comenzó a aprender el oficio cuando tenía 12 años. Un artesano proveniente de Taxco enseñó la técnica a su madre y a su tío; poco después él se incorporó al taller familiar y actualmente también trabaja junto a su hermano.
Además de fabricar joyería comercial, el taller desarrolla piezas personalizadas a partir de las ideas de los clientes.
"Muchas veces llegan con un simple dibujo y nosotros lo convertimos en una joya, siempre digo que la vida es una joya porque ayudamos a hacer realidad pequeños sueños", comentó.
Del otro lado de la historia está Margarito Moedano, quien dejó la minería hace más de dos décadas. Hoy vende elotes y esquites en un carrito inspirado en una góndola minera y mantiene una pequeña tienda, pero asegura que ningún empleo ha igualado la experiencia de trabajar bajo tierra.
"No he tenido un trabajo como el de la mina, era muy familiar, si pasaba un accidente todos dejábamos nuestras herramientas para ayudar a un hermano minero", recordó.
Ese sentido de pertenencia es el que busca representar durante el Festival de la Plata, donde participará en homenaje a quienes construyeron la historia minera del municipio.
La extracción del mineral y el trabajo artesanal volverán a encontrarse del 30 de julio al 2 de agosto durante el Festival de la Plata, que reunirá a plateros hidalguenses, exhibiciones de joyería, venta de piezas, actividades culturales y una muestra gastronómica.
Más que un escaparate para la platería, el encuentro busca recordar que detrás de cada anillo, collar o pulsera existe una cadena de oficios que comienza en la oscuridad de la mina y concluye en el banco de trabajo de un artesano, donde la plata adquiere la forma que finalmente llegará a las manos del público.
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