Lo que comenzó como un conflicto laboral en plena crisis económica de los años ochenta terminó convirtiéndose en uno de los casos más emblemáticos de organización obrera en México. La hoy conocida Cooperativa Pascual, responsable de productos como Boing, Lulú y Pascual, surgió luego de una larga huelga que enfrentó a trabajadores y empresarios, y que incluso dejó víctimas mortales.
La historia de la empresa se remonta a finales de los años treinta, cuando Rafael Vítor Jiménez Zamudio fundó Pascual S.A., una refresquera que rápidamente ganó popularidad gracias a sus bebidas elaboradas con fruta natural. Con el paso de los años, la marca logró competir en el mercado nacional frente a gigantes internacionales como Coca-Cola y Pepsi.
Productos como los refrescos Pascual y Lulú, además de los jugos Boing, se posicionaron entre los favoritos del público mexicano debido a su sabor y calidad, convirtiéndose en parte de la cultura popular del país.
Sin embargo, el crecimiento de la empresa contrastaba con las tensiones laborales que estallaron en 1982. En medio de la crisis económica que atravesaba el país, el gobierno federal decretó un aumento salarial obligatorio para los trabajadores. La dirección de Pascual rechazó aplicarlo argumentando falta de recursos, lo que detonó una huelga el 18 de mayo de ese año.
El conflicto escaló rápidamente. Durante los primeros días del paro, trabajadores denunciaron agresiones encabezadas por personal contratado para romper la huelga. En uno de los enfrentamientos ocurridos afuera de la planta norte de la empresa, en la Ciudad de México, murieron los obreros Álvaro Hernández y Jacobo Concepción García, además de registrarse varios heridos de gravedad.
A partir de entonces, el movimiento obrero ganó respaldo ciudadano y político. Los trabajadores, conocidos popularmente como “los Patos”, recibieron apoyo de organizaciones sociales y sindicales, entre ellas el Partido Mexicano de los Trabajadores y el líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo, quien también asesoró legalmente a los huelguistas.
La lucha se prolongó durante casi tres años, convirtiéndose en uno de los movimientos laborales más visibles de aquella década en México.
Tras años de disputa, las autoridades fallaron a favor de los trabajadores. La empresa terminó declarándose en bancarrota, pero cuando sus bienes fueron puestos en remate ocurrió un hecho poco común: los propios empleados adquirieron los activos y tomaron el control de la compañía.
Así nació, el 27 de mayo de 1985, la Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual S.C.L., un modelo empresarial administrado por los mismos obreros que habían sostenido la producción durante años.
El arranque no fue sencillo. La cooperativa logró reunir recursos mediante donaciones de ciudadanos, sindicatos y artistas plásticos que subastaron obras para respaldar el proyecto. Entre quienes apoyaron estuvieron José Luis Cuevas, Felipe Ehrenberg, Martha Chapa y Mario Orozco Rivera.
Gracias a la experiencia de los trabajadores en todos los procesos de producción, la empresa pudo reorganizarse y regresar al mercado.
Cuarenta años después, la Cooperativa Pascual continúa vigente en el mercado mexicano. Sus bebidas mantienen presencia en gran parte del país y la empresa opera actualmente plantas de producción en Querétaro e Hidalgo, además de contar con una fundación cultural enfocada en el arte.
Más allá de su éxito comercial, Pascual se consolidó como un referente histórico de organización colectiva y resistencia laboral en México, convirtiéndose en una marca ligada no solo al consumo popular, sino también a la memoria obrera del país.
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