A los 17 años, Isaac Lucio Ortega tiene claro que la charrería no es solamente cuestión de montar un caballo, es disciplina, respeto por la tradición y muchas horas de preparación.
Originario de Acayuca, en el municipio de Zapotlán de Juárez, Isaac encontró en el deporte nacional mexicano una pasión que decidió hacer propia, aunque en su familia el vínculo con la charrería se encuentra principalmente en la vestimenta.
Su familia cuenta con un negocio dedicado a la elaboración y venta de vestidos de escaramuza, trajes de charro, sombreros, botines y otros artículos relacionados con esta tradición. Isaac creció cerca de ese ambiente, pero quiso conocerlo desde otro lugar, sobre un caballo.
A diferencia de otros jóvenes que comenzaron a charrear desde los primeros años de vida, Isaac reconoce que su llegada a este deporte fue más tardía. Sin embargo, eso no le impidió encontrar su lugar.
“Mi familia siempre se quedó con las ganas, yo no me quise quedar con las ganas”, contó.
Esa decisión lo llevó a probar distintas disciplinas ecuestres, entre ellas montar toros y caballos, mientras adquiere experiencia y busca mejorar su desempeño.
Sabe que todavía está lejos del nivel de los competidores que participan en escenarios como Excelencia Charra y Cuernos Chuecos, pero también tiene claro hacia dónde quiere llegar. Su objetivo es que el próximo año pueda acercarse a ese nivel.
Para Lucio Ortega, la charrería representa mucho más que una competencia, es una tradición que desde su perspectiva debe mantenerse viva entre las nuevas generaciones.
Quizá por eso su historia resulta particular, no heredó directamente una carrera deportiva, sino el contacto cotidiano con una cultura que terminó convirtiendo en una aspiración personal.
En el negocio familiar aprendió a reconocer los detalles de un traje y la importancia de la indumentaria charra. Ahora busca comprender lo que ocurre después, cuando el traje llega al lienzo y comienza la competencia.
El hidalguense observa a los charros experimentados como una referencia de lo que algún día quiere conseguir. No pretende saltarse etapas, sabe que primero debe entrenar, aprender y acumular experiencia.
A sus 17 años, todavía tiene camino por recorrer, pero ya dio el paso más importante, decidir que no quería quedarse con la duda de hasta dónde podía llegar.
Mientras continúa preparándose, Isaac mantiene los pies en la tierra y la mirada puesta en el lienzo.
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